jueves, 17 de marzo de 2022

SILVER FACTORY

Relatos Perrunos
Imagen de Viernes creativos El Bic Naranja

Ahí parado en un rincón y sin muchas intenciones de moverse, Charlie se aferra al paquete que debe entregar en la 5ta planta de la calle 47 en Midtown.

Ve como el mundo delante se estremece a los compases rítmicos de una guitarra y el ensordecedor golpe de las baquetas. Todo el lugar está teñido de luz, esferas que se mueven al ritmo de la música, luces que parpadean dando extrañas formas a los rostros que allí pululan.

En el momento que decide dar el primer paso, aparecen de la nada hombres y mujeres, ataviados con vestimentas estrafalarias o elegantes atuendos de cuello alto y corbata al tono.

Al instante, lo envuelven, lo abrazan, le preguntan su nombre y ríen felices de verlo. Charlie, sin entender lo que pasa, intenta esbozar una palabra pero solo se escucha una jerigonza que a los que están a su lado les parece de lo más “cool”.

–Que hermoso arte traes entre tus manos –Pregunta uno del lote.

–Afsdy rrssurffh!! –Contesta Charlie, intentando explicar que es un paquete para el Sr Warhol.

–Es la máxima expresión de arte de masas que jamás haya visto. –Dice otro, vestido con un traje gris ajustado y lentes oscuros.

–Tú debes ser la nueva promesa que estábamos esperando... y lo abrazan entre todos, entrelazando sus cuerpos con el de Charlie, que otra vez intenta dar una explicación, pero finalmente se deja llevar por los halagos del momento.

Le quitan de las manos la caja, la observan con atención, la dan vuelta. Se la pasan entre ellos y cada uno expresa su parecer al respecto.

–¡¡Esto es magnífico, amigo!! ¡¡Haz acertado en todas sus formas... Imagino que es solo el prototipo!!

Y con la punta de los dedos, da unos golpecitos en el antebrazo de Charlie:

–Debes hacer unos 50 de estos!! No, no, no, mejor que sean 100... pero con las mismas características y tipografía.

–Quizás podrías cambiar el color del envoltorio... –suelta otro a la pasada, que con el brazo estirado y los ojos entornados, sostiene la caja en alto y la hace girar de un lado a otro para apreciar todo sus detalles.

Una vez en el centro de la enorme planta, Charlie observa que todo a su alrededor es aún más extravagante. El ruido es ensordecedor, parejas bailan al compás de la música, mientras otros conversan y sueltan risotadas espontáneas.

Las paredes y el techo están completamente tapizados de láminas plateadas y hay cuadros en los muros y también apilados en el suelo.

El grupo conduce a Charlie a un sillón. Lo abrazan, lo besan y lo dejan ahí aparentemente solo... pero a su lado, hay gente que automáticamente hace espacio para que se acomode.

Mira hacia todos lados, no tiene idea cómo salir de ahí o en qué momento se metió en tamaño lio. Su jefe, de seguro lo echa cuando sepa que no volvió al trabajo.

Los que están ahí, al parecer llevan un buen rato en ese sillón y le ofrecen una copa de vino que él acepta y se toma al seco.

Pronto llega como una nube, su nuevo grupo de amigos provistos de todo tipo de artilugios y golosinas para pasar un buen rato hablando del poder de la nada y cómo el mundo acelerado, ha terminado con el deseo de hombres y mujeres que actúan como zombis movidos por el espíritu de consumo.

Una chica ataviada con un bonito vestido de flores, que hace juego con un pañuelo al tono que amarra su oscura melena, corre con el brazo todo lo que hay encima de una pequeña mesa y dispone en su lugar, unas charolas de plata pulidas y adornadas con florituras y dibujos.

Observa a Charlie que aún sostiene la caja entre sus manos y con una sonrisa se la quita y a cambio le entrega una copa de licor.

¡Saca la lengua! –Le ordena con mirada cómplice. Era una chiquilla de rasgos muy bellos. ¿¿Cómo iba a resistirse a tamaña petición??

Todos los que están a su alrededor. Algunos sentados, otros de pie, levantan sus copas, beben y conversan. Charlie que no entiende una palabra de lo que hablan, comienza a sentir una ligera comezón. Como si un enano se hubiera metido en su cabeza y con una pluma le hiciera cosquillas en el cerebro.

Su primer instinto es quedarse ahí sin moverse, pero siente que la gente a su alrededor lo mira como si fuera un bicho raro. La calidez del recibimiento ahora se transforma en caras de reproche.

Una vez de pie, se topa con imágenes que se mueven y deforman con cada pestañeo. Espejos lo absorben, lo tragan, lo escupen y su reflejo se triza de mil formas distintas.

Los amigos del sillón, permanecen sentados y levantan sus copas celebrando cualquier cosa que pasa cerca.

Charlie se detiene frente a una máquina que se activa cuando alguien se acerca y emite un extraño sonido. Le parece un artefacto de lo más peculiar y al intentar tocarla siente que su mano se quema.

–¡Súbete! –Le dice uno que está cerca mirando lo que hace. Quizás te lleve a lugares donde jamás has estado...

–¿Tú ya la probaste? –Pregunta Charlie algo confundido.

–¡Pues, claro! Todos los que estamos aquí, nos hemos subido alguna vez para descubrir cuál es nuestro lugar en este mundo y nuestro propósito de vida.


Envalentonado como estaba y a pesar del calor que emanaba la máquina, levanta una pierna y pasa sus manos sobre el manubrio. De inmediato, escucha cómo resuena el motor y cómo se afinan válvulas y engranajes con cada aceleración.

A penas sube los pies, ingresa a un camino sinuoso, llano y prístino. La aridez del lugar contrasta con el murmullo de gente que había hace tan pocos segundos.

A lo lejos se distingue un bar y automáticamente decide parar. Una vez dentro, todos se dan vuelta y lo miran de pies a cabeza. Una mujer detrás de un mesón saca lustre a un vaso:

–¡Oye, niño! ¿Vas a tomar algo?

–¡¡Nooooooo, gracias, ya ha sido suficiente!! –Responde Charlie levantando una mano en señal de disculpas.

Al fondo, un grupo juega al billar:

–¡¡Es una máquina espectacular!! –Dice un brabucón de musculosa y cabeza rapada.

–¡¡Te retamos una partida!! Si nos ganas, te quedas con cualquiera de nuestras motos. –Dice otro igual de feroz.

Charlie, otra vez metido en un lio del que no sabe cómo salir, se desase en explicaciones:

–¡¡Es que... eeeeeehh, mmmmmm!! ¡¡Lo siento, no puedo hacer tal cosa, me la acaban de prest...!!

Y en ese preciso instante, se acercan tres tipos fornidos que en andas se lo llevan afuera y le dan una paliza que jamás imaginó.


Al despertar, aún aturdido y sin saber muy bien qué pasó. Mira hacia los lados y después de un par de pestañeos y bastante dolor busca cómo incorporarse, pero tiene un brazo enredado en los rayos de la moto. Lleva varias horas en esa posición, en cuclillas con la manga del sweater anudada al manubrio.

Sin poder hacer mucho, tantea con la mano libre el bolsillo del pantalón donde por fortuna, aún conserva su navaja multiuso. Corta el nudo con un brusco movimiento.

A su alrededor ya no queda nadie, salvo algunas parejas que duermen apacibles. A lo lejos, gente trabaja en lo que parece ser unos afiches de sopa enlatada.

Al pararse todo da vueltas y siente como si se hubiera tragado un cubo de arena. En la cabeza retumba una pequeña gota que cae de una tubería... click, click, click, repiquetea aquel rincón.

A tientas se acerca a la pequeña mesa donde todo comenzó y ahí, entre vasos de café, ceniceros y copas rotas, aún permanece intacto el encargo que lo había llevado hasta allí.

Sin mucho entusiasmo por buscar al destinatario, decide acercarlo a un mesón. En la pared, como en una especie de galería improvisada, fotos tipo Polaroid le revelan con horror cuantas horas lleva en el lugar.

Sin saber si dar explicaciones o pedirlas, despega una de las fotos que mira con detenimiento... se la echa al bolsillo, se quita el sweater y lo arroja a uno de los sillones de aquel estrambótico sitio.

Finalmente, agacha la vista y con tranco firme se dirige al ascensor. Aunque en realidad nadie le presta atención. Una vez dentro, echa un último vistazo a la enorme planta, ahora menos brillante de lo que recordaba. El piso desciende y lentamente, aquel espacio desaparece de su vista llevándoselo de vuelta a la realidad.


jueves, 10 de marzo de 2022

PALETA FÁCIL

Esta receta es fácil hasta para mí... Sólo se necesitan dos ingredientes, algo para batir y unos moldes para helados.

El resultado es magnífico, ligeramente cremoso sin llegar a cristalizar, incluso si se aclara con leche para hacerlo cundir.

Paletas de Manzana


Se podría usar todo el puré de manzana y agregar menos yogur... o nada, pero me parece demasiada azúcar para un postre supuestamente light.

Hay que considerar que este ingrediente contiene casi 17 gr de azúcar por cada 100 gr. Lo que es bastante, si calculamos que el contenido total de la lata son unos 600 gr.

El tema es que no se nota que estamos comiendo azúcar demás porque es algo hecho por nosotros con tan pocos ingredientes. Y quizás, ahí está el autoengaño porque pensamos que este tipo de alimento es sano y fácil de hacer, pero son justamente esos químicos los que hacen que este helado funcione.

Para compensar, utilicé yogur natural pero podría ser del sabor que quieras... No hay mayor ciencia que revolver y esperar.


INGREDIENTES:
– ½ Lata de puré de manzana. (300 gr)
– 2 Potes de yogur natural. (140 gr c/u)


PREPARACIÓN:
1. En un vaso de juguera, batir este puré de fruta con el yogur hasta que todo esté bien integrado.

2. Rellenar con esta mezcla unos moldes para helados, centrar el palito y congelar, idealmente hasta el otro día.

Paletas de Manzana


Perrito divertido